Aceptar el fin del periodo esencial

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El deceso es un hecho tan natural como lo es la vida, no obstante, cómo sociedad poseemos una labor pendiente en el momento de intentar el fin del periodo fundamental.

 

¿Cómo se relaciona el hombre con la muerte?

La gente se confronta al fin del periodo esencial de diversas modalidades, influenciado por la cultura en la que vive y se mueve, la sociedad que le circunda y, más que nada, por diferentes versiones particulares. Sea como sea, el deceso es un asunto que tratamos de eludir, que tratamos de dividir nuestra vida.

 

El temor al deceso y el temor al sufrimiento

No es tan angustioso el hecho en sí de pensar en el fin del periodo fundamental de sí mismo, como lo es padecer frente a aquel hecho o tener que depender de alguien en nuestros propios últimos días. 

 

El recorrido esencial del hombre tiende a naturalizar el fin de la vida

Generalmente, nuestra forma de comprender en aspirar el deceso, evoluciona con nuestro desarrollo como seres vivos.

A partir de que nacemos, recorremos diversas fases que se inician con la niñez, la juventud, alcanzando la madurez y al final la vejez, siendo plausibles no solo los cambios físicos y mentales, además el cómo aceptamos el fin del periodo esencial nuestro y el de un ser preciado.

En varias de ellas ni siquiera consideramos la realidad del deceso, en otras “no toca” pues es rápido, no es natural y, en las más avanzadas, tendemos a aceptarla.

 

La vivencia influye en cómo nos relacionamos con la muerte

Como se ha dicho previamente, no solo la evolución natural del hombre está relacionada con la forma de encarar el deceso, además lo hace, y de manera bastante potente, la singularidad de nuestras propias vivencias particulares.

El instante esencial de cada individuo ayuda a crear un diálogo concreto sobre el fin de la vida.

 

La trascendencia de abrir espacios de confianza para intentar el deceso

Los adultos tendemos a apartar a los más adolescentes, chicos y jóvenes, de dichos temas, pues pensamos que no permanecen preparados, que no les toca intentar un aspecto como el deceso.

La verdad nos muestra que además es nuestra responsabilidad abrir espacios de comunicación con ellos para que se sientan libres de preguntar, de dialogar, inclusive de escoger participar en actos de despedida como los funerales.

Nos es productivo a todos poder intentar abiertamente un asunto como el deceso. Compartir nuestras propias inquietudes con los otros nos empuja a derrotar miedos. 

Además, coopera a que contemos con la confianza suficiente para solicitar ayuda y recibir consuelo de nuestro alrededor en los instantes más delicados. Te contamos la complejidad de llevar a cabo un duelo en soledad.

El propósito no es otro que el de admitir que el fin del periodo fundamental es condición exclusiva del hecho de estar vivos.