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Desde los inicios de la humanidad, ha existido la necesidad de reflexionar sobre el fenómeno de la muerte. El instinto natural que tiene el ser humano es el de la supervivencia, no desaparecer del mundo sin más, por lo que a lo largo de la historia las diferentes culturas se han nutrido de creencias sobre la continuidad de la existencia más allá del mundo que conocemos.

El culto funerario guarda una estrecha relación con el desarrollo social, ya que necesitamos despedirnos de nuestros seres queridos mostrando respeto y afecto. Desde los primeros rituales de la civilización, se ha pretendido despedir al ser querido asegurando su viaje del mundo de los vivos al mundo de los muertos. Para conseguir proteger al difunto en este trance, se les ha otorgado un poder especial a ciertos elementos de acompañamiento: los amuletos.

 

Amuletos de protección

 

Las diferentes religiones y creencias sobre lo que aguarda tras el fallecimiento tienen un punto en común: la protección del viaje del ser querido. Prueba de ello es la costumbre de las culturas tradicionales e históricas de acompañar el cuerpo de la persona fallecida con amuletos que le aseguran un camino claro, una buena acogida e incluso una mejor existencia.

Los rituales funerarios ayudan a sentir que el ser querido ha fallecido pero su existencia no ha acabado. Una visión que contiene doble propósito, por un lado, tiene el propósito de rendir honores a la persona que se ha ido y por otra parte contar con la convicción de que, llegado el momento, lo único que perecerá será el cuerpo.

Los amuletos de protección que se colocan en el difunto son aquellos que ayudan al fallecido a soltarse de lo mundano para abrazar la existencia eterna. Las diferentes culturas proveían de un poder sobrenatural a ciertos elementos que debían acompañar l cuerpo del difunto para que realizaran su función en el mas allá. Estos amuletos de protección han ido adoptando distintas formas a lo largo de la historia.

 

Amuletos en el ajuar funerario

 

En la cultura egipcia, los amuletos se construían bajo prescipcion, siguiendo las instrucciones del sagrado Libro de los Muertos. Este texto funerario del Antiguo Egipto servía de guía para crear las fórmulas mágicas pertinentes.

En la cultura egipcia funeraria existían amuletos de divinidades. Estos amuletos son los que representan a deidades y figuras de animales sagrados. Los difuntos podían adquirir las propiedades y atributos de estos elementos de protección siempre y cuando estos estuvieran en contacto con el cuerpo creando un vínculo entre la persona fallecida y las características especiales del representado en el amuleto.

Entre otros amuletos que podían acompañar al fallecido en el Antiguo Egipto, destacan los amuletos de protección cuyo fin era el de reclamar ayuda a agentes externos, considerados como dioses, para que acompañaran al difunto en este tránsito. 

Otra de las civilizaciones antiguas mas populares y en las que el uso de elementos funerarios de protección revestía de gran importancia es la Azteca. Los sacerdotes eran los encargados de crear los amuletos aztecas y de dotarlos de su especial poder. Los amuletos en los rituales funerarios eran obligatorios y estaban compuestos por varios materiales como el papel, la piedra, la madera o, incluso huesos y oro. 

 

La luz como amuleto

 

El uso de la luz de las velas para iluminar el camino al más allá ha sido bastante recurrente en diferentes culturas funerarias de todo el mundo.

Así como, en algunas culturas orientales, la luz es la que asegura el recorrido de difuntos. En Japón se celebra la fiesta de Obon, en la cual se representan determinados espectáculos de baile y danza al tiempo que se lanzan linternas o farolillos al agua para iluminas el camino de los muertos. Esta tradición forma parte de la propia cultura japonesa y es un homenaje que honra a los espíritus de los antepasados fallecidos.