Después de la muerte una tradición religiosa, El Novenario

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En las sociedades actuales, todo el proceso de la muerte desde que ocurre el fallecimiento hasta lo que por costumbres y tradiciones se realiza después, ha ido cambiando. Algunas han ido desapareciendo poco a poco, otras se mantienen, pero con ciertas modificaciones.

Desde hace varias décadas, los ritos funerarios, el tiempo dedicado al velatorio, el luto en la vestimenta, la suspensión de algunas actividades que se realizaban con regularidad, el duelo, hasta la decisión entre la inhumación o cremación, visitas al cementerio o lo que se decida con las cenizas, todo ha cambiado.

Algunos sostienen que cada vez se dedica menos tiempo al recuerdo de los difuntos, a rendirle homenajes en fechas específicas, pero eso no significa que se olviden por completo, siempre hay un momento o una ocasión para traerlos a la mente.

En general las costumbres y tradiciones que se realizan en las ceremonias funerarias obedecen a religiones. La diversidad de creencias y prácticas tienen particularidades y características propias. Las sociedades occidentales y las orientales poseen rituales típicos que marcan la diferencia entre una y otra cultura. 

 

El Novenario, como parte de las ceremonias fúnebres

Una de las tradiciones de la religión Católica que se practica después de un fallecimiento es la realización de los rezos o El Novenario. Para algunos cristianos representa una alabanza a Dios por el eterno descanso del difunto y además, la consideran como la manera en que el Creador pueda perdonar sus pecados.

El novenario se debe iniciar de forma consecutiva, a partir del día siguiente a la inhumación o cremación. Con rosarios y oraciones los familiares ruegan a Dios por el alma del difunto. Existen varias versiones que vinculan el número nueve con la cantidad de días en que se deben realizar las plegarias por su paz y liberación.

Según las Sagradas Escrituras, San Jerónimo señalaba que el número nueve es la cifra del sufrimiento, del dolor y sostenía que así como Jesús murió a la novena hora, los difuntos pueden ser elevados a la gloria a partir del noveno día de su muerte.

Otra versión religiosa que vincula el novenario con los nueve días consecutivos en los cuales familiares y amigos ofrecen oraciones por el eterno descanso del difunto es que lo relacionan con los 9 meses que permaneció en el vientre de su madre antes de nacer. 

Así como han surgido cambios en algunas ceremonias fúnebres, el novenario dedicado a los difuntos también ha tenido variaciones. En épocas pasadas se realizaban los 9 rezos continuos en la casa del difunto o algún familiar cercano, en la actualidad algunos lo han sustituido por nueve misas en Iglesias.

 

La oración como elemento clave ante la pérdida humana 

Para los católicos la oración es el diálogo con Dios, una manera de comunicarse y sentir su cercanía. Es la manifestación de alabanza y admiración personal con el creador, que confirma la fe y la creencia. La mayoría de los creyentes cuando se encuentran en momentos difíciles elevan una plegaria y experimentan tranquilidad.

La oración brinda fuerza y estimula para continuar hacia adelante cuando surge la crisis. La fe en Dios fortifica, en momentos de duelo por la pérdida de un ser querido, elevar plegarias ayuda al familiar que queda, haciéndose preguntas acerca de la muerte, sin encontrar respuestas reconfortantes y da paz al difunto. 

La oración como elemento que permite el encuentro con Dios se puede realizar de manera individual o en colectivo. Cuando se ora con devoción y verdadera creencia surge una experiencia enriquecedora que brinda serenidad frente al duelo generado por la ausencia de un ser querido o por las calamidades inesperadas.

La oración actúa como un elemento que calma y reconforta a los familiares que ruegan a Dios para que proporcione al difunto protección divina e integre su alma a la nueva realidad. Llena un vacío y establece un tipo de comunicación silenciosa que desde su interior brinda solidaridad y fortaleza.