La muerte, una etapa difícil de aceptar

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Son muchos los investigadores que se han dedicado a estudiar la muerte de los individuos, desde diferentes puntos de vista, para ofrecer informaciones que permitan entender y aclarar que esta etapa del ciclo de vida es tan natural como la existencia misma.

En un sentido amplio, la muerte es considerada como la culminación del ciclo vital de los seres vivos, donde cesan o finalizan todas las actividades irreemplazables que conforman su realidad. Está presente desde el primer instante en que se toma conciencia de la existencia.

En todas las épocas, las concepciones en torno a la muerte, que los individuos han considerado, desde los diferentes ámbitos de las sociedades, han actuado como condicionantes y en ocasiones, han sido determinantes en sus comportamientos y actitudes repercutiendo en la cotidianidad y generando a su vez impactos culturales.

La carga simbólica y emocional que surge en los seres humanos por el fallecimiento de un ser querido, ha permitido esclarecer y reconocer que la influencia de las culturas donde se desenvuelven los individuos es clave para afrontar la muerte como un proceso presente en todas las generaciones, sin discriminación alguna. 

 

La muerte, una compleja realidad difícil de asimilar 

En la actualidad, cada día hay más testimonios que confirman que los individuos, en la mayoría de los casos, no están preparados para afrontar y asumir la muerte de un familiar, de forma serena. La pérdida física hace exteriorizar emociones y sentimientos conscientes e inconscientes, algunas veces difíciles de controlar.

El carácter definitivo e irreversible de la muerte, frente a la imposibilidad de recuperar lo perdido, hace aflorar pensamientos naturales e intensos y reacciones violentas, no esperadas ni manifestadas en episodios anteriores, que pueden perdurar a lo largo del tiempo.

El sufrimiento y malestar que puede experimentar el individuo por la pérdida de un ser querido, crea una amenaza, una impotencia ante la realidad de no poder cambiar los hechos. Si esa sensación no es exteriorizada causa daños emocionales y mentales que afectan el bienestar físico.

Ante la muerte surge el duelo, un dolor profundo, una carga emocional asociada con la tristeza, que aunque es normal se cree que no va a disminuir ni desaparecer y hasta se piensa que es imposible desprenderse de ella. Por tanto, es imprescindible que surja el afrontamiento como elemento para calmar y mitigar.

Indudablemente, es provechoso contar con estrategias que ayuden al cambio de actitud y al reconocimiento de la muerte como un proceso natural. Anteponer los valores vitales, emocionales y espirituales para conseguir un equilibrio armónico y afrontar con tranquilidad el duelo que pueda generar. 

 

La preparación psicológica beneficia a largo plazo

El valor y significado que hombres y mujeres de las sociedades actuales, le atribuyen a la muerte, a lo largo del camino, representa un logro significativo que contribuye a asumir una actitud diferente y acorde cuando llega el momento de una pérdida afectiva.

Aunque se sabe que por muy preparado que esté el individuo para afrontar el fallecimiento de un ser querido, al llegar el momento de la muerte, siempre surgirán reacciones y conductas propias. Como individuos de una sociedad cambiante y globalizada, es relevante dedicar un tiempo a la lectura de información veraz.

Especialistas de diferentes áreas, corrientes y religiones han realizado investigaciones en torno al tratamiento de la muerte. Cada uno desde su espacio ha aportado valiosos datos que ayudan a manejar las reacciones individuales y a tomar decisiones acertadas relacionadas con la situación. 

La angustia, el miedo y la impotencia aparecerán sin avisar. La actitud con que enfrente la situación es clave, por lo que se recomienda no aislarse. Permanecer en compañía de amigos o familiares para afrontar el duelo con más tranquilidad, incide en la estabilidad emocional y por ende en su bienestar.