Rituales funerarios

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¿Qué son los rituales funerarios?

Hablamos de rituales funerarios cuando nos referimos al conjunto de actos pertenecientes a lo relativo de la muerte dentro de una cultura, etnia o religión.
Por ejemplo, en nuestro país y sociedad, cuya población mayor de 75 años es cristiana y de raíces españolas, el rito funerario se compone de un velatorio, en el que se rinde culto al cuerpo del finado (todavía se pueden ver velatorios en los domicilios en pueblos y aldeas pequeñas), suelen tener, durante el velatorio, muchas piezas florales a su alrededor, que luego se colocan en el coche fúnebre para dirigirse al cementerio y/o crematorio de destino, se celebra un pequeño responso (que suele ser de carácter religioso) y la familia acompaña al féretro en comitiva hasta su destino final.

¿Cuál es su finalidad?

Según estudios que se han realizado previamente, se dice que el objetivo de los rituales funerarios es la aceptación de la partida de nuestro ser querido.

¿Nos valen los mismos rituales funerarios en todas las culturas?

La respuesta es simple: no. Si la manera de vivir un ritual puede cambiar de una familia a otra, imaginad lo grande que puede ser esta diferencia entre comunidades autónomas, por ejemplo, etnias y culturas como la caló o en religiones como la musulmana o la hebrea.
La que más prevalece, como hemos dicho antes, es el de los habitantes de ascendencia española y de religión, mayormente cristiano católica y, cada vez más, personas laicas.
Pero no es la única.
En España, hay una gran población que “se sale” de esta definición. Por ejemplo, se calcula que hay aproximadamente 2.091.656 personas que simpatizan con la religión musulmana, unas 40.000 personas que, en cambio, se rigen por las costumbres hebreas (judías) y, aproximadamente, 750.000 personas de etnia gitana, cuyos ascendentes, ya eran españoles.
Por lo tanto, creemos que también merecen que expliquemos, aunque brevemente, sus rituales.

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Comunidad Musulmana

Los musulmanes creen en el Juicio Final, la resurrección y en la vida después de la muerte; por ello consideran importante la preparación del cuerpo del difunto, al cual se le debe tapar el rostro con un tejido de color blanco, mientras se recita el versículo 2: 156 del Corán: «es a Dios a quien pertenecemos, es a Él a quien regresamos». Después, se lava el cuerpo, que lo pueden hacer los familiares, amigos o profesionales, siempre que sean musulmanes, conozcan bien el procedimiento y sean del mismo sexo que el difunto. Las mujeres sólo pueden lavar los hombres si éste es su hijo. El cuerpo se cubre con un tejido de algodón blanco sin costuras ni ornamentos. La oración fúnebre de los musulmanes es el “Salat Ul Yanasa”, que se puede recitar tanto en el lugar donde se encuentra el fallecido, como en el cementerio. El imán es la persona encargada de dirigir las oraciones. Estas oraciones se realizan de pie y con zapatos.
Se coloca el féretro en sentido perpendicular a la Meca, el imán detrás y después, los asistentes. Debido a la obligación legal de enterrar los cuerpos con féretro, los musulmanes eligen los más sencillos y sin simbolización religiosa.

Comunidad Hebrea

Por norma general, el cadáver no puede estar expuesto públicamente, ya que se considera una deshonra para el difunto; por eso se suele velar al finado con el féretro cerrado. Es muy importante no dejar al cuerpo solo o totalmente a oscuras en ningún momento.

El féretro favorito para los judíos es el más sencillo posible y preferentemente de madera. En su cabezal se coloca una vela que recuerda que la luz es el alma de Dios. También se suelen tapar todos los objetos que pueden resultar vanidosos o de lujo. Otro objeto ofensivo son las flores, porque representan la vida.

Cuando llega al cementerio es lavado y purificado en un ritual que se llama “Tahará”. Después se le colocan los “tajrijim”; unas vestimentas mortuorias blancas que simbolizan la igualdad entre todos los hombres.
Tras el Tahara, el rabino pronuncia unas palabras sobre la muerte, el “Tziduk Hadin” (la aceptación de la justicia del decreto divino). Más tarde, se realiza la “Keriá”, que es el desgarro de ropas que uno lleva (esto simboliza el sufrimiento de una persona por la partida de un ser querido).
Terminado el acto, se recita la oración “El Malé Rajamim” y, al llegar al lugar del entierro, los familiares y conocidos transportan el ataúd y la entierran utilizando unas palas que se van pasando unos a otros (para pasarla, la dejan en el suelo; ya que se cree que si se pasa de mano a mano, es símbolo de mala suerte).
Al abandonar el cementerio, los asistentes se lavan las manos para simbolizar el alejamiento de “la muerte recientemente tocada”. Los judíos consideran que debe existir una separación entre sus tumbas y las de sus gentiles y deben estar orientadas hacia Jerusalén. Además, no pueden realizar enterramientos durante el “Sabbat” (periodo que va desde la puesta del sol del viernes hasta la puesta del sol del sábado).

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Comunidad gitana

Es de los rituales funerarios más valorados dentro de la cultura gitana. Comienza con el velatorio y dura hasta después del entierro, momentos en los que se explican las alabanzas del difunto y se recuerdan sus mejores aspectos: se llora y se exhibe públicamente dolor. Es, probablemente, el ritual gitano más impresionante y espectacular.
Existe, también, la creencia de que los antepasados muertos pueden intervenir en la vida de los descendientes cuando son «molestados» por alguna falta que hayan cometido sus parientes.
El cementerio es el lugar más sagrado que existe. Un lugar en el que a sus difuntos se les recuerda como si estuvieran vivos.

¿Son, por lo tanto, una respuesta cultural a las fases del duelo?

Así, pues, no podemos afirmar que realmente respondan a todas las fases del duelo; pero sí afirmamos que, si prevalecen durante tantos años, es porque, al menos, responden a la fase de aceptación y nos ayudan a reorganizar nuestra “nueva vida”.